"Mi cuerpo imita la forma de un sauce llorón". Describir esa tristeza, esa dejadez de uno mismo de cara al mundo con otras palabras me resulta muy complicado. Mi tristeza, o mi concepto de tristeza, mediante esa palabra tan manida: "tristeza", no puede ser la misma para todos. Se queda vacía, hueca. El idioma (y no lenguaje) poético habla por mí.
Me enternecen las imágenes imposibles, rozando el absurdo. Un pez coge mis gafas al nadar junto a tus zapatos. En realidad estás sumergido en tu propio mar de incomunicación. Si es así, ¿por qué no iba un pez a coger tus gafas? Y soltarías una burbuja al hablar, y tu roce sería medusa... Las posibilidades del lenguaje poético son infinitas. Son como cuadros, como si te abrieses en canal, como en los dibujos animados, sin dolor (o con dolor mitigado), y vieses todo el universo que se esconde allí dentro. No habría vísceras, ni pulmones, sino un circo, una batería de imágenes que recogen escenas de tu vida, de vidas ajenas, de detalles, películas, sensaciones indescriptibles al escuchar una música que te toque la fibra y un largo etcétera que no terminaría nunca. Es el mejor álbum, el más auténtico, el que no se queda en la forma, sino que recoge hasta los olores, las zambullidas en el interior más soterrado de uno mismo.
"Tus ojos buscan ventanas en esta pecera llena de distracciones". Una pecera, un mar de mentira para un pez, tiene un barquito de plástico, un buzo horroroso que suelta burbujas a través de un tubo, conchas de mar compradas, plantas de tela... Pues si trasladamos al ser humano al terreno de una pecera, imagina lo que esos objetos pueden querer decirte. No es una situación normal, pero los objetos siguen siendo los mismos. Ese cambio intencionado de papel, de rol, hacen del objeto algo muy potente.
El mimo que no habla, el payaso que repite siempre el mismo chascarrillo, el equilibrista aburrido, los personajes deformes en los que no reparaban como caso clínico sino como monstruosidad... o las mujeres pintadas como puertas, viejas, cansadas... Aun bajo esa visión romántica del circo de antaño (tipo Charles Chaplin), toda esa trastienda refleja para mí la decadencia de algo que en un principio parece surgir por y para la diversión, en el fondo viene de la mano de gente que, hábil para determinadas cosas, se ven en la encrucijada de moverse en camiones de ciudad en ciudad repitiendo hasta la saciedad las mismas piruetas. Y lo que más me llama la atención es esa contraposición. Si te sales de bambalinas y vas al espectáculo, todo lo que escucharás son risas y exclamaciones de sorpresa ante el titubeo de un equilibrista o el zarpazo de un león. Pero sobre todo diversión. De nuevo tenemos esa fina línea que tanto me obsesiona. Por delante la sonrisa, el presentador lleno de luces, y por detrás los viajes estrechos de camión, las luces del camerino entre el sujetador y las medias, las pinturas y la ropa usada.
Y esta sensación es muy extrapolable a cualquier escena de la vida común. De cara a unos estamos perfectamente, de cara a otros dan ganas de tirarse por la ventana...
A las seis y cuarto he abierto la ventana del salón en pleno inviernoy, copiando el desequilibrio más típico,he permanecido desnuda;sólo unos calcetines grandes que te iban bien a tiy un paraguas feo y viejo sobre mi cabeza.Parada en el quicio de la ventana, feliz de pensarte,de descubrir en la brisa tu boca soplándome,de ver a lo lejos pájaros sin color que no saben de ti mientras se esconden del fríoy un sauce llorón que imita la forma de mi cuerpopero sin paraguas;un escalofrío galopante idéntico a tu puerta que se cierray aquella cama sin sábanas en la otra punta de la casa.
En primera línea no hay farolas, al fondo ya sí.Por allí pasa el tren, ¿sabías?, un tren cada dos horas,uno de cada dos de mercancías,y en el andén espera un perro de bigotes blancos que cree que ya no es míoporque espera ese tren tuyo que parece de los de antaño, de caldera, de maletín y bombín chato, de ti en viejas fotos y sombrereras,de ti en el rizar del pelillo de mi nuca aquí desnuda,de ti en el borde de la acera sin luz,en la base de mis pies y tu suelo frío,de ti en el caballete de pintura,en mi ropa tirada en el quicio de la bañera,en este frío que me galopa y me encoge,de ti en mí y en mi paraguas que no sirve para nada aquí dentro, ni para volar si me lanzara en calcetines por la ventana, entre estos pájaros que jueganal escondite por si llegases de pronto.